Una de las tantas cosas que me apasionan, igual que la gastronomía, son los libros. No solo el contenido, sino también, el continente. El libro como fetiche, como elemento precioso. Me gusta tocarlos, oírlos, olerlos. Cuando se abre un libro encuadernado en piel se puede oír como cruje, suave se desliza la mano por entre las páginas que desprenden aromas de antaño.
Claro está que todo esto es difícil encontrarlo entre las nuevas ediciones industriales. Para ello hay que introducirse en el mundo del facsímil, donde se manejan estos elementos preciosos, pieles, piedras, encuadernaciones de fantástica hechura artesanal y caros, carísimos, imposibles para el bolsillo del ciudadano de a pie.
Así que, si no podía comprar los que me gustan, y los que puedo comprar no me satisfacen, decidí hacer mis propios libros. Aquí verán una selección que he vuelto a encuadernar con un diseño particular, otros que he restaurado y algunos que fueron creados íntegramente con un contenido conceptual. Hay también, algunos cuadernos. En un principio tuve muchas ideas que se fueron materializando lentamente, curso de dos años de encuadernación mediante y el estudio de la escuela veneciana, antigua y actual. Todo ello ha generado esta colección que, espero, siga creciendo.